9 agosto 2010
Publicado por Rafa Sanchis Albelda
La buena vida
Los pequeños pueblos rurales desaparecen día a día, algunos lo hacen cuan los abandonan sus habitantes emigrando hacia ciudades de mayor tamaño en busca de trabajo o de más servicios y comodidades. Otros recorren el camino contrario y desaparecen con la invasión de la gente de ciudad que hereda o compra casas, llegan con sus ideas y su cemento para restaurar o más bien reconstruir las antiguas construcciones, que con miles de historias en sus paredes acabarán convertidas en funcionales y preciosas casas de campo que visitarán durante el verano y las fiestas de guardar en busca de su ración de aire puro.
Nunca me han gustado demasiado las ciudades y creo que el campo tiene mucho que enseñarnos, si no lo borramos del mapa antes, por eso intento encontrar algunas huellas de esa forma de vida más tranquila y más humana y guardarlas en fotos para poder al menos recordar que no siempre los niños jugaron en modernos polideportivos con las mejores instalaciones ni los animales se compraron a troceados en el hipermercado más cercano.
Mi intención en La Seu d’Urgell fue capturar esta forma de vida, quise hacerlo a través de la gente mayor que aun conserva muchas de estas tradiciones y sobre todo ese ritmo de vida que suena a diferente compás. No obstante, no fue fácil, son pocas las personas mayores que aun viven en estos lugares y muchas tienen esa fobia que cada vez afecta a más gente que se cree víctima de paparazzis desalmados que se enriquecerán sin piedad con las fotos que les tomen.
Al final encontré algunos detalles que me parecieron representativos de cosas típicas de estos pueblos, las de esta entrada son las tres fotos que aparecerán en la exposición que se organizará en aproximadamente un año en La Seu donde se intenta retratarla desde las diferentes visiones de quienes participamos en el curso.














