No se que me llevó a comprar mi primera cámara, empecé a estudiar informática y tantas horas frente al ordenador me llevaron a buscar algo a que dedicar mi tiempo libre, una bonita Olympus e-500 hizo el resto. Tras empezar no necesité demasiados disparos para enamorarme de las posibilidades de la fotografía.
Ahora me siento desnudo si salgo a la calle sin mi cámara y a ratos pierdo de vista el movimiento, mi mundo se convierte en una serie de encuadres, de juegos de luces y sombras que trascurren ante mi esperando que elija el decisivo con un abrir y cerrar de obturador.
Mis fotos, como esas visiones son en blanco y negro, éste, me ofrece facilidades para jugar con la Luz, además creo que ayuda a esconder lo superficial y obliga a mirar de nuevo, a reinterpretar. Mis influencias, aquellos a los que miro, leo y copio son también fotógrafos que por convicción o necesidad han hecho la mayoría de sus trabajos en blanco y negro entre ellos: Joshep Koudelka, Robert Capa o Henri Cartier-Bresson buscando en los clásicos y Pep Bonet o Álvaro Ybarra Zavala entre los contemporáneos.

